«Todas nuestras experiencias se funden en nuestra personalidad. Todo lo que nos ha pasado es un ingrediente».
Malcolm Little
Lo que somos como personas está formado por todas las cosas que hemos vivido. Cada experiencia, ya sea buena o mala, es como un ingrediente que se mezcla para hacer que seamos únicos. Así , todo lo que nos ha pasado en la vida se combina para formar quiénes somos.
En mi caso, cada éxito, cada desafío superado, cada error cometido y cada alegría experimentada se han convertido en las vivencias que me han moldeado. Al mirar hacia atrás, veo cómo todas las piezas de mi historia se han fusionado para dar forma a este nuevo proyecto.
Soy psicólogo

A los 16 años, muchos de nosotros enfrentamos la encrucijada de elegir nuestro camino en la vida. Para mí, la elección fue clara: quería ser psicólogo. Desde temprana edad, siempre me intrigó el funcionamiento de la mente, las complejidades de las relaciones humanas y los misterios detrás de nuestros comportamientos. Esta elección no solo era una «llamada» a satisfacer mi propia curiosidad, sino también una manera de contribuir y ayudar a los demás.
Mi trayectoria me llevó a la Universidad Autónoma de Madrid (UAM), donde me sumergí de lleno en el fascinante campo de la psicología. Fue allí donde realmente descubrí mi pasión y afinidad particular con la psicología infantil y educativa.
Al concluir mi carrera, se presentó la oportunidad de ampliar mis conocimientos en psicomotricidad vivenciada. Este enfoque me brindó una perspectiva única al integrar la dimensión física y emocional de las personas, enriqueciendo mi comprensión de cómo las experiencias corporales influyen en el bienestar psicológico.
Desde entonces, mi viaje profesional ha sido una continua exploración y aprendizaje, guiado por la convicción de que entender la complejidad de la mente y contribuir al desarrollo de los demás es una tarea enriquecedora y valiosa.
Fui profesor en escuela infantil

Durante mi tercer año de carrera, tuve la fortuna de embarcarme en otra experiencia más gracias a una profesora que me brindó la oportunidad de realizar prácticas en una escuela infantil. Para mi sorpresa, este entorno pedagógico se destacaba por abrazar conceptos innovadores que, en aquel momento, eran considerados impensables en la educación convencional. La pareja educativa, el método Montessori, el trabajo por proyectos y la exploración libre, entre otros, se erigían como pilares curriculares en este espacio vanguardista.
Después de compaginar este enriquecedor trabajo con la conclusión de mi carrera durante dos años, decidí quedarme inmerso en esta experiencia por otros cinco años más. Durante este tiempo, no solo afiancé mis conocimientos teóricos, sino que también «aprendí» de manera invaluable a través de la interacción diaria con niños de 0 a 3 años. Esta prolongada inmersión me permitió nutrir mi perspectiva profesional y perfeccionar mis habilidades prácticas, consolidando mi compromiso con una educación que va más allá de los límites convencionales.
Cada día, al estar inmerso en la dinámica de la escuela infantil, fui testigo de cómo la aplicación de estos enfoques pedagógicos no solo estimulaba el desarrollo integral de los pequeños, sino que también dejaba una huella positiva en mi propia formación como profesional de la psicología infantil y educativa. Este periodo no solo se tradujo en una fase de «aprendizaje», sino en una inmersión constante que moldeó mi enfoque y fortaleció mi dedicación a una educación que fomente el crecimiento y la autonomía desde los primeros años de vida.
Soy entrenador

A los 10 años, descubrí el apasionante mundo del balonmano. Este deporte no solo se convirtió en una parte integral de mi crecimiento personal, sino que se erigió como un vehículo de enseñanzas valiosas, inculcándome valores fundamentales como responsabilidad, esfuerzo y solidaridad. La pista se convirtió en un campo de aprendizaje constante, donde cada partido y entrenamiento me ofrecían lecciones sobre la vida.
La pasión que el balonmano despertó en mí no se desvaneció con el tiempo, sino que evolucionó. Hoy, me encuentro inmerso en el mundo del balonmano desde otra perspectiva: la de entrenador y director de escuela. Esta experiencia me ha permitido no solo compartir mi conocimiento y amor por el deporte, sino también continuar mi propio aprendizaje al interactuar con grupos de diversas edades.
En el rol de entrenador, he absorbido las distintas formas de ser y de relacionarse de las personas en diferentes etapas de sus vidas, incluso en contextos informales fuera del campo de juego. Esta inmersión me ha proporcionado una comprensión más profunda de la psicología y dinámicas grupales, enriqueciendo mi perspectiva y habilidades en el liderazgo.
Además, ser entrenador no solo se trata de enseñar el juego en sí, sino también de sumergirse en las inquietudes y preguntas de los padres. Este aspecto añade una capa adicional de comprensión sobre la importancia del deporte en el desarrollo de los jóvenes y la relevancia de su participación en el contexto familiar.
Soy escritor

Escribir siempre ha sido una de mis pasiones. Durante un periodo de mi vida, he tenido la valiosa oportunidad de colaborar con reconocidas revistas digitales, como Guía Infantil, Ser Padres o Baby Radio. Estas plataformas se convirtieron en mi trampolín hacia metas más ambiciosas, proporcionándome un espacio para compartir experiencias y conocimientos sobre la crianza y el desarrollo infantil.
Con el tiempo, esta trayectoria tomó un nuevo giro cuando la editorial Libsa abrió sus puertas para convertirme en escritor. Esta oportunidad no solo representó un hito significativo en mi carrera, sino también la posibilidad de plasmar mis vivencias de manera más extensa y profunda. Con cada palabra, aspiro a llegar a un público más amplio con la esperanza de que mis experiencias puedan ser de ayuda en el crecimiento y la formación de otros.
Esta experiencia de convertirme en autor está siendo un viaje enriquecedor, permitiéndome compartir no solo conocimientos teóricos, sino también lecciones de vida y perspectivas personales.
Cada obra se erige como un testimonio de mi compromiso con el aprendizaje continuo y la transmisión de experiencias que puedan «resonar» en la vida de quienes las leen. Es un privilegio y una responsabilidad que asumo con dedicación, con la esperanza de contribuir al crecimiento y la comprensión de aquellos que se sumergen en mis escritos.
Y, sobre todo, soy padre

La experiencia de la paternidad, un capítulo que se entrelaza con mi faceta de psicólogo y entrenador de balonmano, añade una dimensión única y desafiante a mi vida. A diario, me encuentro navegando por situaciones complicadas que exigen habilidades de gestión y resolución de conflictos. Aunque mi formación y experiencias han sido pilares valiosos, no siempre son suficientes ante los desafíos que la paternidad me presenta.
Como cualquier padre, enfrento momentos en los que, a pesar de conocer teóricamente lo adecuado, pido a mis hijos, especialmente a la mayor, cosas para las que aún no están preparados. Esta discrepancia entre expectativas y capacidades genera frustración tanto en ellos como en mí, creando obstáculos que, en ocasiones, entorpecen que disfrutemos del proceso de crianza.
Esta vivencia se erige como una experiencia incomparable, distinta a las que he ido teniendo a lo largo de mi vida. Reconozco que, a pesar de mi formación y conocimientos, la paternidad me confronta con mis propias limitaciones y me desafía a ser un mejor padre. Es un recordatorio constante de la importancia de educarse a lo largo de toda la vida, no solo desde la perspectiva profesional, sino también como padre.
La relación con mis dos hijos se revela como una fuente inagotable de aprendizaje. Aunque soy su guía en muchos aspectos, su mensaje es claro: somos nosotros, como padres, los que estamos en constante proceso de aprendizaje. Esta revelación no solo refuerza la idea de que la paternidad es un viaje compartido, sino que también destaca la necesidad de adaptarse y evolucionar junto con ellos.
Sin duda, este viaje, desde la perspectiva de la paternidad, a pesar de sus desafíos, promete infinitas «riquezas».
