«El mejor consejo que puedas recibir sobre ser padre es confiar en tu instinto y no preocuparte por lo que dicen los demás».
Todos hemos idealizado alguna vez idealizado la figura de los padres perfectos, aquellos que parecen tener todas las respuestas y criar a niños felices y sin problemas. Sin embargo, al enfrentarnos a la realidad, nos damos cuenta de que este ideal es inalcanzable. Ni los padres ni los hijos vienen con un manual de instrucciones, y la crianza es un viaje lleno de desafíos y aprendizajes constantes.
La verdad es que muchos de nosotros puede que nos sentamos perdidos al convertirnos en padres. La llegada de un hijo puede desencadenar una montaña rusa de emociones y dudas sobre cómo criarlos de la mejor manera posible. Nos enfrentamos a la responsabilidad de moldear el futuro de otro ser humano sin tener una guía clara sobre cómo hacerlo.
Es natural que aquellos que se sienten más inseguros en esta nueva situación busquen consejo y orientación. Sin embargo, aquí es donde pueden surgir problemas. La abundancia de información disponible en libros, internet y consejos de otros padres puede resultar abrumadora y contradictoria. Lo que funciona para un niño puede no funcionar para otro, y lo que se considera la «mejor práctica» puede cambiar con el tiempo y la situación.
En lugar de buscar la perfección, es importante que los progenitores confíen en sí mismos y en su instinto paternal o maternal. Cada familia es única y lo que funciona para una puede no funcionar para otra. Es importante ser flexible, adaptarse a las necesidades cambiantes de los hijos y recordar que cometer errores es parte del proceso de aprendizaje. Lo más importante es ofrecer amor, apoyo y un entorno seguro para que los niños crezcan y se desarrollen.
Los consejos, sólo cuando se pidan
La llegada de un nuevo miembro a la familia trae consigo una serie de cambios significativos en la dinámica familiar. Entre estos cambios, surge la posibilidad de conflictos debido a la falta de entendimiento y a una posible intromisión en el cuidado y educación del nuevo integrante.
Es bastante común que familiares cercanos, como tíos y abuelos, sientan la necesidad de ofrecer consejos e incluso intervenir en la crianza del niño, aunque no se les haya solicitado su opinión. Esta intromisión puede generar tensiones, especialmente si los padres desean educar a su hijo de una manera diferente a la que estas personas están acostumbradas. Esta situación se agrava cuando los familiares sobreestiman su experiencia y creen que los nuevos padres no son capaces de ejercer su rol correctamente.
Sin embargo, es importante recordar que no existe una fórmula única para criar a un hijo. Cada familia tiene sus propios valores, creencias y métodos de crianza, y lo que funciona para una familia puede no ser adecuado para otra. Los padres son quienes mejor conocen a su hijo y toman decisiones basadas en lo que consideran mejor para su bienestar y desarrollo.
Cuando recibimos consejos que no solicitamos, es importante tener en cuenta que la responsabilidad de criar al niño recae solo en nosotros, los padres. Pueden optar por aceptar o rechazar los consejos según consideren oportuno, pero siempre manteniendo en mente que son ellos quienes están en la posición de tomar decisiones sobre la crianza y educación de su hijo. Lo más importante es que los padres confíen en sus instintos, se apoyen mutuamente y tomen decisiones basadas en el amor y el bienestar de su hijo.
Ese tipo de comentarios…
Cuando los consejos que dan los familiares no tienen el efecto deseado, es muy probable que estos comentarios se vuelvan más despectivos e incluso se centren en el niño mismo. Por ejemplo:
«No le pones límites al niño y es un consentido». Este tipo de comentario refleja un desacuerdo en cuanto a los métodos de crianza. Es importante recordar que las formas de educar han evolucionado y lo que se consideraba adecuado en generaciones pasadas puede no serlo en la actualidad. Los padres tienen derecho a elegir el enfoque que consideren mejor para su hijo, siempre y cuando sea respetuoso y brinde límites adecuados.
«Ya es hora de que ande solo». Cada niño tiene su propio ritmo de desarrollo y presionarlos para alcanzar hitos específicos puede generar estrés tanto en el niño como en los padres. Es importante entender que cada niño es único y alcanzará estos hitos en su propio tiempo. Compararlos con otros niños puede ser injusto y contraproducente.
«No le cojas tanto en brazos que lo enmadras». El deseo de los niños de ser cargados es completamente normal y forma parte de su necesidad de seguridad y conexión emocional con sus padres. No es algo que ocurra porque los padres quieran por necesidad, sino más bien una etapa natural del desarrollo del pequeño. Proporcionar afecto y consuelo a través del contacto físico es beneficioso para el bienestar emocional del niño.
«Solo come lo que quiere y cuando quiere». La alimentación es un aspecto importante del desarrollo infantil y cada niño tiene sus propias preferencias y apetito. Forzar a un niño a comer puede generar aversión hacia la comida y problemas futuros relacionados con la alimentación. Es importante ofrecer una variedad de alimentos saludables y permitir que el niño decida cuánto y qué comer, siempre con supervisión y orientación adecuada.
En definitiva, los familiares deben respetar las decisiones de los padres en cuanto a la crianza de sus hijos y eviten hacer comentarios despectivos o críticas no solicitadas. Los padres conocen mejor a sus hijos y tienen derecho a tomar decisiones que consideren adecuadas para su bienestar y desarrollo.
¿Otra vez de visita?
Una situación que ocurre con frecuencia y que suele ir de la mano con esos consejos que no se solicitan son las visitas inesperadas. Es común que familiares se presenten sin previo aviso en casa de los nuevos padres para ver al recién nacido. Aunque estas visitas pueden ser bienintencionadas, es importante reconocer que pueden interrumpir la dinámica familiar y las rutinas a las que tanto los padres como el bebé están tratando de adaptarse.
Además, estas visitas sorpresa pueden dar lugar a tensiones familiares. Por ejemplo, si unos abuelos han visitado al bebé y otros no, esto puede generar preguntas incómodas y resentimiento entre los familiares. Es posible que aquellos que no fueron invitados en una ocasión se sientan obligados a aparecer sin previo aviso al día siguiente, lo que puede crear conflictos innecesarios.
Lo ideal sería que las personas interesadas en visitar al bebé llamen con antelación para confirmar si es un buen momento para hacerlo y acordar una hora conveniente para todos. Esto ayuda a preservar la armonía en el hogar y garantiza que la visita sea bien recibida sin causar molestias ni interrupciones en la vida diaria de la familia.
Lo mejor es seguir el propio instinto
A pesar de los consejos bien intencionados que puedas recibir, es importante seguir tu propio instinto y razón. Es natural que familiares y amigos ofrezcan sugerencias sobre cómo criar a tus hijos, pero al final del día, la decisión sobre cómo hacerlo recae en los padres. Es fundamental no ceder ante la presión externa y confiar en tus propias habilidades como padre o madre.
En última instancia, lo más importante es ser unos padres amorosos, dedicados a cuidar y criar a sus hijos de la mejor manera posible. Cada familia es única y lo que funciona para una puede no ser adecuado para otra. Por lo tanto, confiar en tu instinto y seguir tus propias convicciones es la clave para criar a tus hijos de manera auténtica y satisfactoria.
