«A pesar de que el verano sea tiempo de vacaciones, los conflictos familiares pueden recordarnos que la comunicación y el entendimiento son fundamentales en cualquier época del año».
Ya comenzó el verano y con el llegan las vacaciones. Estas suponen un tiempo en el que las familias pasan mucho tiempo juntos. Dentro de la familia, hijos y padres afrontan esta época de manera diferente. Para los niños las vacaciones de verano significa jugar, divertirse, descansar, etc. Pero para los padres suele ser algo distinto: ¿Quién puede cuidar de mis hijos mientras trabajo?, ¿Les mando a un campamento?, ¿A cuál?, ¿Dónde vamos con los niños de vacaciones?, etc. Preguntas que pueden ser el origen de un conflicto de pareja.
Durante el todo el año cada miembro ha tenido su propia rutina y ahora con la llegada de las vacaciones esta se rompe. Por eso, la época de verano supone un punto de inflexión en la vida familiar. El aumento de tiempo libre y la mayor interacción de la familia puede ser fuente de incremento de conflictos.
Generalmente, gestionar las relaciones de familia en las vacaciones no resulta sencillo, más por la falta de costumbre que por no «querer hacer». Esta falta de costumbre genera malentendidos y situaciones de tensión que provocan crisis familiares como:
Conflictos en la pareja
Con bastante frecuencia las vacaciones suelen aflorar las crisis en familia. No en vano, las estadísticas nos dicen que después de unas vacaciones o de que las parejas tengan la oportunidad de poder pasar más tiempo juntas los índices de separación suben al 28% en verano.
La ruptura con la rutina diaria, el pasar mucho tiempo juntos o ceder siempre a los deseos del otro son fuente de conflicto. Pero, cómo evitarlos:
1.- Debemos ser flexibles y ceder, pero sin olvidar nuestro propios intereses
2.- Hablar con la pareja sobre las expectativas que tenemos sobre cómo aprovechar el tiempo libre.
3.- Planificar con tiempo si se va a ir de viaje.
4.- Acordar las responsabilidades respecto al cuidado de los hijos, para que ambos puedan gozar de tiempo libre.
5.- Reservar un tiempo para disfrutar en pareja solas y sin niños.
6.- Asumir que habrá contratiempos en las vacaciones y estar preparados para afrontarlos
Conflictos con los hijos
El principal deseo de los padres es pasar más tiempo con sus hijos. Las vacaciones nos dan esa oportunidad, pero «la falta de costumbre» puede convertir el deseo en desgana.
Con las vacaciones se debe aplicar flexibilidad en los horarios y hábitos de los niños, ya que implica un descanso y un periodo de libertad para ellos, pero hemos de mantener unos mínimos en las rutinas y en las normas de convivencia para intentar evitar conflictos continuos y que las vacaciones se conviertan en una pesadilla.
Conflicto entre hermanos
Las peleas entre hermanos suelen ser frecuentes e inevitables. Pero en vacaciones se pueden dar mucho más ya que pasan más tiempo juntos que durante el año, cuando cada uno está ocupado en lo suyo.
Los adultos deben actuar sin tomar partido por ninguno de ellos y mediar entre ellos dándoles «herramientas» para que solucionen el conflicto. Aquí hay algunas estrategias que los adultos pueden emplear para mediar en las peleas entre hermanos durante las vacaciones:
1.- Escuchar a ambas partes. Es fundamental que los adultos escuchen las perspectivas de cada uno de los hermanos involucrados en el conflicto. Esto les permite comprender mejor la situación y abordar las necesidades y preocupaciones de cada uno de manera equitativa.
2. Enseñar habilidades de resolución de conflictos. Los adultos pueden proporcionar a los niños herramientas prácticas para resolver conflictos de manera pacífica, como la comunicación efectiva, la empatía y la búsqueda de soluciones mutuamente beneficiosas. Esto les ayuda a desarrollar habilidades sociales y emocionales importantes que pueden aplicar en diversas situaciones de la vida.
3.- Fomentar el trabajo en equipo. Los adultos pueden alentar a los hermanos a trabajar juntos para encontrar soluciones a sus diferencias. Esto les enseña la importancia de colaborar y comprometerse para alcanzar objetivos comunes, fortaleciendo así su relación fraternal.
4.- Establecer límites claros: Es importante establecer límites claros y consistentes en cuanto al comportamiento aceptable y las consecuencias de las peleas. Esto ayuda a mantener un ambiente seguro y respetuoso para todos los miembros de la familia y brinda a los niños un sentido de estructura y previsibilidad.
5.- Modelar comportamientos positivo. Los progenitores pueden servir como modelos a seguir al demostrar cómo manejar los conflictos de manera calmada, respetuosa y constructiva. Esto les muestra a los niños estrategias efectivas para resolver disputas sin recurrir a la agresión o la confrontación.
