«La frustración es una emoción natural, pero su manejo es aprendido. Enseñar a los niños a enfrentarse a las dificultades, a aceptar los errores y a valorar el esfuerzo por encima del resultado, les permite no solo disfrutar del deporte, sino también desarrollar resiliencia para la vida».
La frustración es una emoción natural que aparece cuando no conseguimos lo que queremos. En el deporte, esto puede darse cuando un niño pierde un partido, es suplente o no logra hacer bien un ejercicio. Para algunos pequeños, estas situaciones son solo retos que intentan superar, pero para otros pueden generar ansiedad, enfado o incluso desmotivación.
La clave está en cómo afrontan la frustración
Cada niño reacciona de manera diferente ante la frustración. Mientras que algunos la ven como una oportunidad de mejora, otros pueden sentirse abrumados, creyendo que han fracasado. La diferencia está en cómo han aprendido a manejar sus emociones.
La frustración no viene solo de las circunstancias externas, sino de la forma en que cada niño las interpreta. Si ha crecido en un entorno donde no ha tenido que lidiar con la espera, el esfuerzo o el error, es más probable que le cueste enfrentarse a los desafíos deportivos.
¿Por qué algunos niños tienen una baja tolerancia a la frustración?
El manejo de la frustración es un aprendizaje. Desde pequeños, los niños deben enfrentarse a límites, reglas y pequeños fracasos que les enseñen a gestionar sus emociones. Sin embargo, hoy en día, es común que muchos padres intenten evitarles cualquier sufrimiento, cediendo a sus deseos sin que tengan que esforzarse o enfrentarse a dificultades.
Este tipo de sobreprotección genera niños que:
- Tienen dificultades para controlar sus emociones.
- No toleran esperar o demoran en satisfacer sus deseos.
- Se impacientan con facilidad y reaccionan de manera impulsiva.
- Creen que siempre deben ser el centro de atención.
Por otro lado, también hay niños que desarrollan una baja tolerancia a la frustración porque sienten que nunca es suficiente. Son aquellos que viven bajo una presión constante por ser los mejores, lo que les genera una sensación de insatisfacción continua y miedo a fallar.
Cómo afecta la baja tolerancia a la frustración en el deporte
Para un entrenador, es fundamental entender por qué algunos niños reaccionan mal ante situaciones cotidianas como perder un partido, ser cambiados o cometer un error. En muchos casos, esta falta de tolerancia puede hacer que dejen de disfrutar del deporte e incluso abandonen la actividad.
Existen dos perfiles comunes de niños con baja tolerancia a la frustración en el deporte:
- Los sobreprotegidos: Son niños que parecen frágiles, temen equivocarse y se bloquean ante la competencia. No están acostumbrados a enfrentarse a dificultades por sí mismos y prefieren evitar situaciones que los saquen de su zona de confort.
- Los exigentes: Son niños perfeccionistas que se frustran fácilmente cuando las cosas no salen como quieren. Se enfadan con sus compañeros, con el árbitro o incluso con ellos mismos si fallan. No toleran la derrota y tienden a buscar culpables.
Cómo ayudar a los niños a tolerar la frustración
La buena noticia es que la tolerancia a la frustración se puede aprender y entrenar, igual que cualquier otra habilidad. Tanto padres como entrenadores pueden jugar un papel clave en este proceso.
Algunas estrategias para fomentar una mejor gestión de la frustración son:
- Dar ejemplo: Los niños aprenden observando. Si ven a sus entrenadores y padres afrontar dificultades con calma y actitud positiva, aprenderán a hacer lo mismo.
- Fomentar el esfuerzo: En lugar de centrarse en el resultado (ganar o perder), hay que reforzar la importancia de intentarlo y mejorar cada día.
- No sobreproteger: No facilitarles siempre el camino. Dejar que enfrenten dificultades y aprendan a resolverlas sin intervención constante.
- Marcar objetivos alcanzables: Es importante fijar metas realistas, adaptadas a su edad y capacidades, para que no se sientan constantemente frustrados.
- Enseñar técnicas de relajación: Aprender a respirar, tomarse un momento antes de reaccionar o canalizar la energía de forma positiva puede ayudarles a manejar mejor sus emociones.
- Identificar la frustración: Ayudarles a reconocer cuándo están frustrados y a expresar lo que sienten sin reaccionar de manera impulsiva.
Reforzar la idea de que el error es parte del aprendizaje: En el deporte (y en la vida), perder y equivocarse es necesario para mejorar. Como dicen los entrenadores: «Es más importante aprender a ganar que ganar».
Conclusión
Ayudar a los niños a manejar la frustración no solo les hará mejores deportistas, sino que les preparará para afrontar los desafíos de la vida con más seguridad y resiliencia. El deporte es una gran escuela de vida, pero para que cumpla su función educativa, los adultos deben acompañar a los pequeños en este aprendizaje, enseñándoles que fallar no es el fin del mundo, sino el principio de una nueva oportunidad para mejorar.
