«Los berrinches son una oportunidad para enseñar a los niños sobre el manejo de las emociones y la resiliencia».
Seguro que alguna vez, yendo por la calle, has visto o te ha pasado que tu hijo o el de otra persona ha empezado a gritar y llorar sin un motivo aparente, como si le fuera la vida en ello. Estos episodios, conocidos como berrinches, son una parte normal del desarrollo infantil, pero eso no los hace que seam menos desafiantes tanto para los padres, como para los cuidadores.
Los niños en su maduración van pasando por diferentes etapas en del desarrollo evolutivo. Los berrinches, en este caso, aparecen en una de esas etapas. Se caracteriza por ser un periodo donde los pequeños son muy impulsivos. Suelen empezar alrededor del año, o año y medio. Después suelen alcanzar su mayor pico de intensidad entre los 2 y los 3 años. Será a partir de los 4 años cuando empiecen a disminuir de grado.
La razón por la que aparecen estas rabietas es que no son capaces de controlar las emociones que experimenta debido a que aún no cuenta con la habilidades necesarias para poder expresarse, ya que su capacidad comunicativa por medio del lenguaje es muy limitada.
Los hay de todos los tipos
Hay que estar preparados porque pueden aparecer en cualquier momento. Imagina que estás en una tienda y tu hijo ve un juguete que le encanta. Cuando le dices que no puedes comprarlo en ese momento, comienza a llorar y patalear en el pasillo, insistiendo en que lo necesita. La frustración de no obtener lo que quiere puede desencadenar el berrinche. Esta situación es muy común, pero espera porque hay más:
Después de un día agotador o cuando tienen hambre, los niños pueden estar más propensos a tener rabietas . Por ejemplo, si estás en mitad de un paseo o una visita cultural y tu hijo está cansado y hambriento, es posible que comience a llorar y protestar cuando le dices que aún falta un tiempo para ir a casa y comer.
También pueden influir los cambios de rutina. Los niños suelen ser ideas fijas y «esclavos» de los hábitos, cualquier cambio repentino en su rutina diaria puede ser motivo de estrés. Por ejemplo, si estás de vacaciones y cambias la hora de su siesta, es posible que se ponga irritable y tenga un berrinche cuando llegue la hora habitual de dormir.
La frustración es otro factor que puede desencadenarlos. Los niños pequeños están constantemente explorando el mundo que les rodea y tratando de dominar nuevas habilidades. Cuando se enfrentan a una tarea que les resulta difícil, como abrocharse los botones de su abrigo o hacer un puzle, pueden frustrarse fácilmente y, ahí la tenemos, otra rabieta.
Otras veces, los pequeños recurren a los berrinches como una manera de llamar la atención de sus padres . Por ejemplo, si estás ocupado hablando por teléfono y tu hijo siente que no le estás prestando suficiente atención, puede empezar a llorar y gritar para captar tu atención.
Los adultos, ¿Realmente ayudamos?
No todos los niños tienen berrinches, o los tienen con la misma intensidad. Eso dependerá de cada uno. Debemos entender que en la etapa en la que se producen las rabietas las estructuras cerebrales que permiten dominar las emociones aún no se han desarrollado lo suficiente. Debido a esta razón biológica el pequeño no será capaz de controlar sus frustraciones. Por lo tanto, los adultos del entorno del pequeño tienen que entender que un niño no tiene berrinches a voluntad, sino que ocurre todo lo contrario. Los tiene porque no tiene la capacidad de controlarse.
En cambio, en las situaciones en las que se producen los berrinches son momentos en los que los adultos pueden tener una mala reacción. Se nos olvida la importancia que tiene el factor biológico en este tipo de problema de conducta. Solo queremos parar la rabieta del niño, y es en ese mismo momento donde cometemos errores. Imagina que estás en el parque con tu hijo pequeño y, de repente, tu hijo ve un juguete que le llama la atención en el arenero y se acerca corriendo hacia él. Sin embargo, cuando llega, otro niño ya está jugando con él. Tu hijo se siente frustrado y comienza a llorar y patalear en el suelo.
En este momento, tú te sientes avergonzado y preocupado por la reacción de tu hijo. Quieres que pare de llorar lo antes posible para evitar miradas por parte de los otros padres en el parque. Instintivamente, tratas de calmar a tu hijo ofreciéndole otro juguete o prometiéndole comprarle helado más tarde si deja de llorar. Sin embargo, al hacerlo, estás pasando por alto la importancia del factor biológico en el comportamiento de tu hijo. No estás teniendo en cuenta que los berrinches son una respuesta natural e involuntaria a la frustración, especialmente en los niños pequeños cuyas habilidades de autorregulación aún están en desarrollo.
Al tratar de detener rápidamente el berrinche de tu hijo sin abordar la causa subyacente de su frustración, estás perdiendo la oportunidad de enseñarle mejores estrategiaspara manejar sus emociones. Además, al ceder ante su llanto para evitar una confrontación pública, estás reforzando sin querer el comportamiento problemático y enseñándole que puede obtener lo que quiere protestando y mediante el llanto.
¿Qué errores cometen los adultos frente a las rabietas?
Además del error mencionado en el anterior apartado, son muchos los fallos que podemos cometer los adultos. Como por ejemplo:
1. Ignorar el berrinche. Cuando un niño está pasando por una rabieta , puede ser tentador ignorarlo con la esperanza de que se calme por sí solo. Sin embargo, al niño le llega el mensaje que le haga pensar que sus emociones no son importantes o no son válidas. Es crucial demostrar empatía y estar presente para el niño durante estos momentos difíciles.
2. Enfadarse con el niño. La frustración puede llevarnos a los adultos a perder la paciencia y enfadarnos con el niño durante un berrinche. Sin embargo, es importante recordar que los niños no tienen berrinches por elección; están luchando por controlar emociones que aún no comprenden completamente. Enfadarse con ellos solo agrava la situación y puede aumentar su angustia.
3. Castigar al pequeño. El uso de castigos durante una rabieta puede intensificar la situación y enviar un mensaje negativo al niño. En lugar de ayudarles a aprender a manejar sus emociones, los castigos refuerzan la sensación de impotencia del niño y pueden llevar a un ciclo de comportamiento negativo.
4. Intentar Razonar en el momento del berrinche. Los berrinches son momentos de gran agitación emocional para el niño, lo que dificulta su capacidad para escuchar y razonar. Tratar de explicar o razonar con ellos en medio de un berrinche suele ser infructuoso y puede aumentar su frustración.
6. Quedarse constantemente al lado del niño. Si bien es importante ofrecer apoyo y consuelo al niño durante un berrinche, también lo es dar el espacio necesrio para que aprendan a calmarse por sí mismos. Quedarse constantemente al lado del niño puede dificultar este proceso y prolongarlo.
¿Cómo afrontar los berrinches de manera adecuada?
Afrontar un berrinche de manera adecuada requiere paciencia, empatía. Con práctica y amor, puedes ayudar a tu hijo a aprender a manejar sus emociones de manera saludable y construir una relación fuerte y afectuosa contigo. Aquí hay algunos pasos que puedes seguir para afrontar un berrinche de manera adecuada:
1. Mantén la calma. Es importante mantener la calma y evitar reaccionar con enfado o frustración. Los niños son muy sensibles a las emociones de los adultos, y si perciben que estás estresado o molesto, es más probable que se sientan aún más ansiosos o perturbados.
2. Valida los sentimientos de tu hijo: Hazle saber a tu hijo que entiendes por qué está molesto o frustrado. Puedes decir algo como: «entiendo que estás enfadado porque no hemos podido quedarnos más tiempo en el parque».
3. Ofrece consuelo y apoyo. Abraza a tu hijo o acaricia suavemente su espalda para ofrecer consuelo físico. Deja que sepa que estás ahí para él y que lo amas incondicionalmente, incluso cuando está pasando por un momento difícil.
4. Establece límites claros. Es importante establecer límites claros y consistentes con respecto al comportamiento inaceptable durante un berrinche. Por ejemplo, puedes decirle a tu hijo que entiendes que está molesto, pero que no está bien patalear o gritar. Hazle saber que el comportamiento respetuoso es siempre importante, incluso cuando está molesto.
5. Enseña estrategias de autorregulación. Ayuda a tu hijo a desarrollar habilidades de autorregulación enseñándole estrategias para manejar sus emociones. Puedes sugerirle que respire profundamente, cuente hasta diez o se tome un momento para calmarse antes de responder impulsivamente.
6. Mantén la coherencia. Es importante ser coherente en tu manera de enfocar la situación para afrontar los berrinches. Siempre aplica las mismas reglas y consecuencias, de manera que tu hijo sepa qué esperar y cuál es el comportamiento apropiado.
7. Modela un comportamiento positivo. Finalmente, recuerda que eres un modelo a seguir para tu hijo. Trata de manejar tus propias emociones de manera calmada y constructiva, y muestra cómo manejar situaciones difíciles con calma y compasión.
