«¿Cómo manejar las relación Padres– Entrenadores – Jugadores en la etapa de formación?»
Introducción
En el mundo del deporte base podemos encontrarnos situaciones incómodas con padres que increpan a los árbitros y a los rivales, discusiones y en casos más graves peleas, «segundos entrenadores» que dirigen desde la grada, padres que más bien parecen representantes de estrellas, etc. Pero también damos con otro tipo de padres que suman con actitudes positivas, acompañando a sus hijos, además de respetar y reforzar los valores que se intentan inculcar desde el deporte.
Sea cual sea el tipo de padres de se vayan encontrando los entrenadores a lo largo de su carrera han de saber lidiar con ellos utilizando las herramientas adecuadas para que se dé una comunicación abierta.
Gracias a que este intercambio comunicativo es franco y sincero se podrá alcanzar el objetivo principal del deporte base: la formación y educación de los deportistas
Además, no debemos olvidar que el jugador es también un agente importante en las comunicaciones, teniendo un papel primordial en las relaciones que se van dando a lo largo de su vida deportiva.
El pan de cada día…
Las estadísticas nos cuentan que existen más quejas que comentarios en positivo sobre la actitud de los padres de los deportistas por parte de los entrenadores en etapas formativas. Estas protestas serán un foco de tensión que debilita la relación que debe existir ente los padres, el entrenador y el jugador.
Cuando no se tienen las herramientas y capacidades necesarias para manejar el malestar que genera esta situación, lo primero que hace el entrenador de base es buscar el consejo de sus responsables deportivos o de otros colegas.
El problema que suelen encontrarse es que a muchos colegas a los que se les pregunta creen que los familiares y, sobre todo, los padres deben estar lo más alejados posible de la práctica deportiva de sus hijos ya que su propia experiencia les ha “enseñado” que son la fuente principal de conflictos. Por lo tanto, el consejo que dan es que los entrenadores trabajen aislados de su relación con los padres. ¡ERROR!
La importancia del entorno en el deporte base
El balonmano es un deporte que nos ofrece un contexto con gran potencial educativo, que provee la adquisición de valores, además de facilitar el desarrollo de las capacidades y las habilidades necesarias para la mejora de las relaciones sociales del jugador.
Por tanto, la etapa de iniciación debe tener como objetivo fundamental la formación integral del deportista sin olvidar que el entorno del jugador tendrá gran importancia en su desarrollo, no solo como deportista sino también como persona.
De este modo, los entrenadores de etapas de formación deben incluir la figura de los padres en el proceso formativo de los jugadores. Su presencia en el deporte base debe ser incuestionable ya que son los principales responsables de su educación y formación.
Las relaciones se darán dentro de un «triángulo» comunicativo padres – entrenador – jugadores donde la comunicación se dé a todos los niveles, de manera abierta, que sea bidireccional y sincera.

En definitiva, un equipo que formado por padres, hijo y entrenador, debe:
- Establecer los roles que cada parte desempeña.
- Establecer el/los objetivos particulares y los comunes.
- Proponer una guía de trabajo conjunta.
¿Cómo son las relaciones socio-afectivas?
El entrenador será la pieza más importante en la comunicación «triangular» que debe generarse en la etapa de iniciación y formativa del jugador.
Así, el entrenador será el eje por el cual giren las diferentes relaciones que se puedan dar:
A) Relación jugador-entrenador
El entrenador influye directamente en todo lo que le ocurre al jugador, para bien o para mal.
De este modo, la relación que se da debe ser cordial y directa que debe darse dentro un ambiente de entrenamiento óptimo, agradable y lúdico.
El lenguaje y la comunicación tendrán un papel fundamental en la búsqueda de la excelencia de las relaciones. Para ello, será necesario:
1.- El uso de la empatía
Cuando el entrenador se comporta de manera asertiva conseguirá con más facilidad lo que desea de cada jugador respetando los derechos propios y los del deportista.
2.- Dejar de lado el lenguaje negativo
Se debe desterrar todo tipo de lenguaje en forma de ofensa, grito, o insulto que busquen molestar y herir al otro para conseguir los objetivos; tanto en los entrenamientos, como en los partidos.
El lenguaje negativo que utiliza el entrenador con sus jugadores se convierte en una verbalización interna que afecta a su rendimiento. Es decir, el jugador acaba pensado que es un inútil y no vale para este deporte. Lo que afectará a sus sentimientos y con ello a su autoestima, su autovaloración, a su autoconfianza. Estas a su vez, afectarán a su motivación.
La afección de las anteriores variables psicológicas producirá, la falta de concentración en el jugador, estrés y ansiedad.
La idea es que los entrenadores aprendan a potenciar las conductas asertivas y minimizar las agresivas ya que estas últimas crean sentimientos negativos en los demás y en nosotros mismos.
B) Relación padres-entrenador
La relación que se da entre el entrenador y los padres es similar en lo cordial a la anterior. Sin embargo, la relación puede darse directa o indirectamente.
1.- Directa
En el momento en los que los jugadores pasan por etapas de rebeldía, problemas en los estudios, en casa, etc. Es imprescindible que el entrenador y los padres se pongan en contacto directo para buscar soluciones al problema
2.- Indirecta
Es el niño el que transmite la información a sus padres. Es un canal por el que pueden llegar malentendidos a la hora que el niño procese la información y la transmita a los padres, pero es una manera de delegar en él y que empiece a asumir responsabilidades. Quizá, a día de hoy no puedan darse tantos malentendidos por la existencia de los grupos de WhatsApp que pueden servir de soporte informativo
¿Qué implicación tienen los padres en la actividad deportiva de sus hijos?
La figura del entrenador en el equipo es muy importante, pero no hay que pasar por alto que a lo largo de la etapa de formación del deportista, los padres también supondrán un gran referente. Por eso, será necesario que los familiares tomen conciencia sobre la forma en cómo valoran el deporte, cómo reaccionan en las competiciones, y qué comentarios hacen sobre la actuación de sus hijos y sus compañeros, y que esto influirá en las actitudes de los deportistas.
En este sentido, es conveniente que los padres se involucren en la actividad deportiva de sus hijos. Entre todas las formas de participación de los padres podemos encontrar las siguientes maneras:
1.- De forma normal. Donde la comunicación será abierta, habrá libertad de decisión por parte del hijo y apoyo mutuo
- Distante. Falta de interés y apoyo por parte de los padres; falta de participación deportiva por parte de los hijos
- Sobre-implicados. Los padres satisfacen sus propias necesidades deportivas a través de su hijo, a quién dirigen más de lo que lo apoyan; los hijos reciben apoyo o castigo en función más de sus resultados que de su progreso deportivo y sienten una gran presión sobre sí mismos
De esta tipología nacen distintos modelos de padres asumiendo papeles positivos y negativos.
Entre ellos podemos encontrar muchos tipos como:
A) Papeles positivos:
1.- El padre taxista
Es aquel que acompaña al niño, le deja en el entrenamiento, le recoge. Suele ser un padre al que los deportes no le suelen gustar, pero se interesa por la felicidad de su hijo.
2.- El padre positivo
Anima y se preocupa cómo han ido los partidos. Le transmite entusiasmo sin presión. Felicita al niño por el simple hecho de entrenar y jugar.
3.- El padre involucrado
Participa en las decisiones y propuestas del club o del colegio. Se interesa por la formación de los jugadores. Es activo y participa en cualquier actividad que ayude a reforzar esos valores.
B) Papeles negativos:
1.- El padre entrenador
Es aquel que grita desde la banda, corrige al niño incluso contradiciendo al entrenador. Genera confusión en el niño, ya que por un lado le llega la información del entrenador (profesional) y por otro el de sus padres. En ocasiones motiva al niño a jugar como si fuera un profesional que se gana la vida con ello y esto puede hacer que el pequeño pierda de vista los valores que se buscan desde el club o el colegio.
2.- El padre que resta
Dentro de esta categoría podemos encontrar al padre que habla todo el rato de lo bien que juega su hijo y que es el mejor poniéndole siempre por encima de los demás. El que no entiende por qué no juega más su hijo cuando sus compañeros son peores. Presiona a su hijo indirectamente. Y aquellos padres que durante el partido está insultando al árbitro y menospreciando al rival.
¿Cómo podemos comunicarnos con los distintos tipos de padres?
Tomemos como referencia la manera general en la que los padres pueden involucrarse en la actividad deportiva de sus hijos. Así, los entrenadores podrán comunicarse y relacionarse:
A) Con padres normales.
Informando verazmente a los padres de las expectativas y los progresos deportivos de su hijo – deportista.
Estableciendo una comunicación periódica de doble vía y Feedback eficaz con los padres, para hablar de cualquier tema que inquiete a ambas partes, o sencillamente para seguir juntos la progresión deportiva del hijo.
B) Con padres distantes
Incrementar la implicación paterna en la actividad de su hijo deportista, haciéndoles ver la importancia que para éste y su rendimiento deportivo tiene el apoyo de sus padres, invitándoles personalmente a competiciones, pidiéndoles ayuda en determinadas tareas como contabilizar aciertos y errores o cualquier otra tarea, … en una palabra, incluirles en el equipo y que ellos se vean necesarios.
Estableciendo los límites del rol parental y el suyo propio ante el deportista, para que no haya confusiones, sobre todo emocionales, en el deportista.
C) Con padres sobre-implicados.
Mantenerlos como parte del equipo, con sus deberes y derechos, diferenciando sus roles de los propios del entrenador. Más vale tenerlos como aliados que como opositores.
Favorecer la separación gradual entre padres e hijos deportistas, de forma que éste empiece a pensar, sentir y decidir por sí mismo. La práctica deportiva mejorará con ello.
