«Aprovecha el tiempo, porque los momentos clave de tu vida están sucediendo ahora, y no puedes permitirte dejar que se escapen mientras estás atrapado en la rutina o pensando en lo que vendrá».
Sostienes en tus brazos a un recién nacido. Lo miras, lo abrazas y te sientes el ser más afortunado del mundo. Y, aunque creas que el tiempo te dará espacio para disfrutar de cada pequeño detalle, cuando menos lo esperas, ese bebé ya tiene ¿Cuántos años ya?, empieza a caminar, a hablar, a exigir cosas. ¿Recuerdas cuando su único deseo era dormir en tu pecho? Ahora, lo que más desea es poder correr detrás de un balón o pedirte permiso para dormir hasta tarde. ¡Vaya cambio!
¿Te has parado a pensar en lo rápido que pasa el tiempo? No, en serio. ¿Cuántas veces no has dicho eso de «este mes está siendo eterno», y, al mismo tiempo, te has encontrado mirando un álbum de fotos años después y diciéndote: «¿Cuándo pasó todo esto?» Eso, querido lector, es el tiempo. Escapándose entre los dedos, sin que puedas evitarlo.
La rutina: El tiempo y tu ‘superpoder’
Todos hemos estado allí: en la rutina diaria, donde cada día parece un episodio repetido de una serie que nunca termina. «Hoy tengo un millón de cosas por hacer», te dices por la mañana, y a la noche, ¡zas! El tiempo ha volado. Es como si, por arte de magia, el reloj estuviera jugando al escondite contigo.
¿Y sabes qué es lo peor? Cuando miras atrás y piensas, «¿Cómo he llegado hasta aquí tan rápido?» Te das cuenta de que esos 12 años de tu hijo se han esfumado en un abrir y cerrar de ojos. Y ahora, el niño que solía pedirte que lo acompañaras al colegio, te lanza una mirada con la que te está diciendo: «Papá, déjame en paz, ya soy mayor». ¡Tiemblan tus emociones, pero sabes que, en el fondo, te está haciendo un favor!
La psicología del tiempo: El ‘flow’ y el secreto para no perderse
La buena noticia es que la psicología tiene algo que decir sobre esto. Según la teoría del flow de Csikszentmihalyi, las experiencias más satisfactorias suceden cuando estamos completamente presentes en lo que hacemos. Sí, suena sencillo, ¿verdad? Pero, vamos, ¿Quién no se ha distraído con su móvil mientras juega con sus hijos o charla con amigos? Lo curioso es que cuando estamos tan enfocados, el tiempo se convierte en un aliado, y en lugar de sentir que se escapa, se vuelve una experiencia que realmente disfrutamos.
Pero, claro, si no te detienes a respirar y apreciar el momento, el tiempo se convierte en esa sombra que te sigue sin que te des cuenta. Y eso, amigo mío, es lo que se nos olvida a menudo. Es como si viviéramos a 100 km por hora, y el tiempo estuviera a 150 km, dejándonos atrás.
Vivir con intención: No es magia, es estar aquí
Entonces, ¿Qué hacer con todo esto? ¿Cómo aprovechar los momentos que realmente importan? Aquí va un truquito: vive con intención. No se trata de hacer más cosas, sino de hacerlas de manera consciente. Cada navidad que pasas con tu familia, cada tarde de juegos, cada conversación inesperada, son momentos que, si los vives de verdad, valen mucho más que horas de «productividad».
Te lo voy a confesar: no tendrás 20 oportunidades para jugar a ser el Ratoncito Pérez. Solo tendrás unos pocos años, tal vez ocho, para ser Santa Claus y los Reyes Magos, para convertirte en el héroe de tu hijo y vivir unas navidades que serán mágicas en su memoria. Aprovecha esos momentos, porque, en un abrir y cerrar de ojos, esos «primeros días de clase» habrán quedado atrás. Y entonces, ya no podrás pedirle que te acompañe al parque.
Aprovecha el tiempo, no dejes que te cuente historias
Para no dejar que el tiempo te cuente historias de las que te arrepentirás, sé consciente de que los momentos clave de tu vida están sucediendo AHORA. Cada día, cada risa, cada abrazo… No te los dejes escapar por estar pensando en lo que harás después o en lo que te falta por hacer.
Sí, no podemos detener el tiempo, pero podemos aprender a disfrutarlo mientras pasa. Así que la próxima vez que estés con tu hijo, tu pareja, o incluso con un amigo, piensa: «Este momento es único. Y lo voy a vivir de verdad».
