«No todo lo que sientes te pertenece. Aprender a soltar lo ajeno es un acto de amor propio».
¿Alguna vez has sentido una tristeza que no entiendes? ¿Un enfado que aparece de la nada? ¿Un cansancio emocional que no encaja con lo que estás viviendo?
Puede que estés cargando con emociones que… no te pertenecen.
Sí, suena extraño. Pero no lo es tanto cuando nos damos cuenta de lo permeables que somos a lo que ocurre a nuestro alrededor. Las emociones ajenas pueden colarse en nosotros sin darnos cuenta: en casa, en el trabajo, en una conversación o incluso con solo entrar en una habitación. Y si no aprendemos a diferenciarlas de las nuestras, acabamos llevándolas a cuestas como si fueran propias.
Aquí te dejo 5 señales para que puedas empezar a detectar cuándo estás absorbiendo emociones que no te corresponden:
1. Cambios emocionales repentinos
Estás bien y, de repente, te invade una emoción intensa. Miras a tu alrededor y nada ha cambiado, excepto… quizá alguien ha entrado con una carga emocional fuerte. Tu cuerpo lo nota antes que tu mente.
2. Te sientes responsable por cómo se sienten los demás
Si alguien está mal, tú también. Y no solo eso: te sientes culpable o con la obligación de «arreglarlo». Como si su emoción fuera tu responsabilidad. Y no lo es.
3. Te cuesta distinguir entre lo que sientes tú y lo que sienten los demás
Te preguntas si ese cansancio, esa ansiedad o esa tristeza es realmente tuya. O si, tal vez, has absorbido lo que otra persona está atravesando. Cuando esto se vuelve habitual, es una señal clara.
4. Te sientes emocionalmente agotado después de estar con ciertas personas
No han pasado cosas especialmente intensas, pero tras un rato con alguien, sientes que te han exprimido emocionalmente. Como si hubieras absorbido una mochila emocional que no viste venir.
5. Evitas conflictos aunque eso implique desconectarte de ti mismo
Por no incomodar, por no hacer sentir mal al otro, por evitar «malos rollos»… vas acumulando emociones que no expresas, y terminas sosteniendo lo que otros no quieren mirar.
¿Qué puedes hacer si te identificas con estas señales?
Primero, no te culpes. Todos, en mayor o menor medida, tenemos cierta sensibilidad emocional hacia nuestro entorno. Es parte de lo que nos hace humanos. Pero aprender a diferenciar lo tuyo de lo ajeno es un acto de autocuidado.
- Escucha tu cuerpo. Muchas veces, el cuerpo detecta antes que la mente lo que está ocurriendo.
- Haz pausas emocionales. Respira, escribe, pregúntate: «¿Esto que siento es mío?»
- Practica límites saludables. No todo lo que sienten los demás es tu carga.
- Habla de lo que sientes. Compartir lo que te pasa te ayuda a ponerlo en perspectiva y a soltar lo que no necesitas cargar.
A veces cuidarte también significa soltar lo que no te pertenece.
Y en ese soltar, puedes empezar a reconectar contigo, con lo que realmente sientes y necesitas.
¿Te ha pasado esto alguna vez? ¿Te has dado cuenta de que estabas sintiendo algo que no era tuyo? Te leo en los comentarios.
